Llevo retraso con unos cuantos posts que tenía pensados. Este es uno de ellos:
Belén (otra española expatriada en L.A.) y yo averiguamos que se celebraba una "Feria de Sevilla" en Long Beach, al sur de Los Angeles. Las dos coincidíamos en que, viviendo en España, jamás habíamos asistido a este tipo de evento anual, ni en Sevilla ni en las delegaciones que se organizan por todo el país. La original me resulta demasiado folclórica-tópica-típica (sí, ya sé que esa es la idea, no me tiréis los trastos a la cabeza si hay algún acérrimo asistente y defensor de la feria, ¡eh! para gustos, colores) y las que se montan en los alrededores de Barcelona pues, bueno, como decirlo... Tengo algunos amigos que van de vez en cuando, o iban, sin embargo yo nunca me he motivado demasiado, entre otras cosas porque cada año hay algún problema de peleas a navajazo limpio. Digamos que la señora que limpia en casa de mis padres, que vive de toda la vida en uno de los dos o tres barrios más "chungos" y peligrosos de Barcelona, no quiere ir porque, según dice ella: "Sólo hay gentuza, mucha Choni, mucho mangoneo, ... que a mí no me gusta eso, muy vulgar, oye. Que tengo varios vecinos y amigas que tienen casetas pero es que no me dice nada."
Vamos, que en circunstancias habituales no hubiese ido ni atada. Pero la morriña aprieta y la idea de un cachito de nuestro país, más la promesa de paella y tapas y vinos españoles a precios moderados era demasiado como para resistirse.
Así que nos cogimos a un americano valiente que no sabía a lo que se exponía, S., y p'allá que nos fuimos.
La entrada eran solamente 5$ y luego comprabas tíquets por el valor de un dólar que se podían canjear por comida o bebida.
La paella estaba rica, los garbanzos con chorizo también, a pesar de que el chorizo era mexicano y a lonchas, estilo Pamplona, la tortilla de patatas no valía un pimiento, y el bocata de chorizo aún menos. Los precios módicos debían de ser una broma porque las raciones eran enanas incluso para las cantidades españolas (a la americana, ni se compara, aquí comida para uno es como comida para 2 hambrientos en España). Por lo demás, bebí Estrella de Galicia (muy andaluz, sí señor ;P) con moderación, pues tocaba conducir una hora de vuelta y me di por satisfecha.
Foto: El puesto de bebidas. Eché de menos vasos o copas de fino, o rebujitos o lo que se estile en estos casos.Los caballos que prometían se limitaron a uno, con su jinete trajeado a lo cordobés a cuestas, claro. Y se nos quedaron a los tres los ojos como platos al ver a una niña oriental correteando vestida de faralaes. Más tarde, al ver los espectáculos de flamenco que ofrecían varias escuelas locales, se nos quedó otra vez la mandíbula descolocada al ver que lo de la niña venía de familia, pues las dos mejores bailarinas, las dos con más arte y gracejo, eran asiáticas. Chúpate esa.
Foto: Españolas de fusión.
Lo de recargar energías patrias y soltar "¡Olé!" y "¡Bravo!" a discreción sin que nos miraran raro tocó techo cuando una señora se puso a cantar una
copla de Isabel Pantoja en honor a Carmen Amaya. Nos miramos como queriendo decir: Hasta aquí hemos llegado, y emprendimos la retirada. Ah, S., el americano invitado, pareció pasárselo bomba, no sé si por lo folclórico y distinto del asunto o por lo mucho que le gustó la birra española.
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