martes, 6 de mayo de 2008

The Surreal Life (I)

Llevo unos días que me pasan cosas la mar de surrealistas, tirando a bizarras. No me quejo porque sé que al menos así tengo material para el blog, pero no dejo de preguntarme qué clase de imán tengo para situaciones absurdas. No, en serio, que es muy fuerte. El pasado jueves y viernes fueron de agárrate y no te menees, me entra la risa floja cada vez que lo pienso, pero me asusta pensar que esto pueda ir "in crescento".

Empecemos por el principio. Leí una oferta de trabajo en la que se buscaba estilista para el episodio piloto de un programa de TV que se iba a estrenar en Internet primero y luego se iba a intentar vender a la televisión. Si se vende, cobramos, si no, pues nada. Pero me interesaba mucho la experiencia, sobre todo porque ofrecían trabajar con una agencia de relaciones públicas (PR Agency) de moda. Esto es, que tienen un mogollón de ropa de diferentes casas a las que representan y las prestan a los estilistas para ser usadas en editoriales (reportajes) de moda, para que los famosos las vistan en eventos especiales, para cine, televisión, etc... Lo malo e sque normalmente hace falta una carta de la revista o la cadena para la que trabajes diciendo que, en efecto, ese proyecto está en marcha, que no eres una ladronzuela cualquiera que se va a largar con 5.000$ en artículos de última moda. En su defecto puede ser una carta de un fotógrafo.

Esta agencia no puso demasiado problema, parecía que les daba todo bastante igual. Simplemente me pidieron que les mandase imágenes con la ropa que había cogido una vez estuviesen editadas. Me ofrecieron el trabajo el viernes y el lunes tenía que encontrarme con Scott, el director-creador-presentador del proyecto y Amber, la co-presentadora. Quedamos en el vestíbulo de la PR y cuando subimos nos atendió una chica que decía ser la ayudante de Kelly, con quien yo había hablado por teléfono para pedir hora. La tal ayudante daba risa, quedó claro que se había tragado "El diablo viste de Prada" como quince veces y era una aspirante a fashionista de carrera. Llevaba un modelito directamente copiado de la peli, cinturón con logo de Chanel incluído. Lo irónico es que si quieres ser tan glamourosa y fashion de la muerte, no es conveniente que copies un estilo que fue innovador hace dos o más años. Me reí interiormente de su obviedad. No digo que yo sea más guay, pero tampoco voy pretendiéndolo (Y dudo mucho que, ni que pudiese permitírmelos, llevaría cinturones Chanel con hebilla-logo).

Estuvimos como 2 horas dando vueltas por el lugar, escogiendo ropa para Amber y para Scott. En un momento dado me topé con Moonglow, el estilista que me metió en "Turbo", que iba a devolver unas prendas. Fue curioso y me hizo gracia encontrármelo. Si no fuese por él y por "Turbo" no tendría nada que enseñar al mundo, casi, exceptuando mis atributos naturales, claro jujuju.!
Cuando por fin elegimos unas cuantas cosas y Amber se probó medio showroom, pudimos por fin marcharnos. Me pidieron firmar una hoja de salida con la lista de prendas y dar mi número de teléfono. Muy confiados, ellos.
Amber vive en NYC y estaba alojada en un hotel, en el mismo Sunset Boulevard donde está la agencia, así que me ofrecí a llevarla, me iba casi de camino y me parecía tontería que tuviese que coger un taxi. Así que agarráos, lectores masculinos, porque, hablando con Amber sobre trabajos que había realizado, me di cuenta de que llevaba a una modelo de Victoria's Secret en mi coche. Y portada de Maxim. ¡Ja! ¡Chincha! La verdad es que es impactantemente guapa y con cuerpazo, nada de androginia hambrienta o chabacanería de la costa oeste, si mi madre me ve caminando al lado de la eclipsadora esta, seguro que decide adoptarla a ella y pasar de mí.

El programa es un documental de concienciación social llamado "Manifesto" (http://www.manifestotv.com/) en el que ciudadanos explican cómo ayudan o cómo creen que se puede mejorar la vida de otros. En este caso íbamos a visitar un rancho donde entrenan perros para trabajar en películas. Los recogen de pequeñitos en una perrera y los crían y preparan para funcionar en el mundo del espectáculo. Si alguno no se comporta o no está hecho para ese mundillo, le buscan un nuevo hogar. Cuando se "jubilan" siguen viviendo en la casa. La parte social del tema es que las creadoras de la empresa de perros hollywoodienses ha fundado una organización paralela que se ocupa de llevar estos animales a hospitales para que jueguen con ellos niños con cáncer. Se ve que les anima que no veas poder disfrutar de los perros que han visto en la televisión o en películas. Sube su autoestima, su sistema inmunológico mejora, en definitiva, hace que su experiencia en el hospital sea un poco más llevadera y olviden por un rato los malos tragos que tienen que soportar a tan temprana edad.


Filmamos el jueves, y supuso levantarme a las 4,30am y volver a casa pasadas las 10 de la noche. Ni que decir que estaba muerta para cuando llegué.


Empezamos rodando en Venice Beach a la salida del sol (que no sale por ahí sino por el otro lado, que la playa está a l oeste, pero bueno) y luego nos trasladamos a Lancaster, tierra a dentro en pleno desierto. No teníamos permiso para rodar, porque cuesta muchísimo dinero filmar en cualquier parte de la zona de Los Ángeles, por eso muchas series y películas se realizan en Vancouver, Canadá, o en algún estado perdido en el Medio Oeste (Mid West). Por esto, había que mantener el equipo humano al mínimo imprescindible, así que me pasé el rato sentada alejada de la arena y de ellos, medio desmayada de sueño.

Foto: Amber Arbucci y parte del equipo de "Manifesto" en Venice Beach

Como había dejado mi coche en el Valle, para dirigirnos a Lancaster iba en el del maquillador-peluquero, que había traído a su hijo con él. Los dos eran corpulentos y con sobrepeso, así que iba yo encajada justa entre el respaldo y el asiento delantero, cabía perfectamente si no estiraba la pierna ni medio milímetro y si mantenía la espalda a 90º de mis piernas. El chico de sonido iba a mi lado, no sé como lo soportó, porque eran casi 2 horas de viaje hasta Lancaster. Se llamaba Martin y era inglés y al principio parecía tranquilo y callado, pero, cuando empezamos a perder de vista la civilización, se animó y resultó tener mucho sentido del humor.Yo por lo visto me quedé dormida un ratillo y me desperté en lo que parecía una réplica de San Fernando Valley pero a 150km, es decir, en Antelope valley.

Aquello era paletolandia, un boceto orientativo de lo que debe ser la América profunda. Paramos a repostar en una gasolinera que se llamaba "The green cow" (La vaca verde). Y ahora comienza el surrealismo. Desde allí continuamos hasta la casa donde estaban los perros, que resultó estar en medio de ninguna parte. Carreteras sin fin, campos interminables a cada lado, civilización inexistente excepto por algunas granjas desperdigadasde vez en cuando, las montañas peladas al fondo... Íbamos los cuatro bromeando, comentando que parecía el inicio de una peli de terror, que nos íbamos a quedar tirados seguro y nos iban a descuartizar. Esperábamos encontrar un cartel que dijese "Ninguna parte" y luego otro anunciando "En el medio de".

Por fin llegamos a la casa, los primeros. Seguimos con las bromas puesto que había una sospechosa sierra mecánica a la entrada y varias hachas. El lugar cumplía todos y cada uno de los tópicos de una peli de terror. Era el fin, estaba claro. Dentro, la pesadilla continuaba con la decoración, en plan cabaña de montaña, látigos, espolones y una extraña calavera animal con 3 cuernos y colmillos colgados de la pared que resultó ser una obra macabra de "artesanía". Por suerte tenían a los perros fuera y el sitio estaba limpio y no olía a animal; en el interior había un papagayo simpático y una serpiente, como la que tenemos en casa, pero grande y que al final me quedé sin ver. Con tanta historia de terror, sospechábamos que los perros se convertirían en zombies al caer la noche. Nadie parecía muy entusiasmado ante la idea de volver a casa en la oscuridad. Alguien salió a buscar cosas al coche y casi se tropieza con metro y medio de serpiente salvaje que tomaba el sol.

Foto: La casa-cabaña. Sede de "Paws 4 effect"

Pasamos el resto del día allí, llegaríamos sobre las 12, así que teníamos tiempo de sobras. O no, porque al final se quedaron tomas sin grabar, a Scott no lo filmaron, y salimos escopeteados en último momento a filmar a Amber delante de la puesta de sol, no quedaba claro si en un campo de amapolas o de Joshua trees. Y entonces, ¿adónde narices nos dirigíamos? Charmel, la productora, cuyo coche iba delante, empezó a conducir por caminos de tierra resbaladiza, con baches, agujeros, y que discurrían entre campos de cultivo vacíos, hubo momentos en que eran tan estrechos y tan abruptos que su coche y el Lexus que conducía Kristian, el novio de Amber, iban sobre dos ruedas. En nuestro coche, no dejábamos de gritar, como en una montaña rusa. Richard, el peluquero y su hijo Hunter, tenían los nudillos blancos de tanto agarrarse, "¡Vamos a moriiir! ¡Vamos a moriiiiir!" Gritábamos los cuatro. De la tensión y las bromas nos dieron ataques de risa histéricos. Hunter agarró el móvil y llamó a Linda, la ayudante de producción y amiga de su familia y le chilló también el "¡Vamos a morir todooos!" mientras ella se desternillaba. Yo esperaba que Kristian, que parecía sensato, tuviese un par de dedos de frente y parase su cochazo de alquiler y dijese basta, pero no lo hizo. Y el sol seguí poniéndose, y nosotros venga a girar a derecha e izquierda sin campos de amapolas a la vista. Por fin pararon, en cualquier parte, salimos de los coches casi temblando, pálidos "¿Pero dónde están las amapolas??" "¿Nos hemos perdido, no?". Amber comentó que no habían contratado seguro para el coche, que cada rasguño les podía costar cientos o incluso un par de miles de dólares. A esta gente realmente le van las emociones fuertes.

Filmaron las últimas tomas de la jornada allí, en medio de la nada a las afueras de Lancaster, California. Enfrente de una granja aislada, con el sol poniéndose a su ritmo, sin preocuparse de las necesidades lumínicas del equipo de grabación y sin amapolas a la vista.

Fotos: En la nada, con Granja al fondo.


Cuando volvimos a montarnos en el coche, nos congratulamos los cuatro de que, al menos, habíamos coincidido gente con sentido del humor en el reducido espacio.

Foto: Puesta de sol en Nowhere.

El siguiente día bizarro fue el viernes, pero os lo cuento en otra entrega que si no no publico jamás, me enrollo como una persiana veneciana. Por poneros los dientes largos, el tema incluye cámaras de televisión, una discusión sobre pechos femeninos, tirones de pelos, arañazos y empujones varios. No sufráis, estoy entera, yo soy pacífica.

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